Los compuestos orgánicos para el tratamiento de enfermedades infecciosas, han sido utilizados por el ser humano desde la antigüedad. Pero la medicina fue avanzando y los descubrimientos de sustancias contra virus y bacterias, marcaron un antes y un después. Luego de los primeros hallazgos desde el Siglo XIX, en 1928, el científico británico Alexander Fleming se encontró con una serie de reacciones científicas y, diez años después, la penicilina surgía a nivel mundial. Hoy, es el antibiótico más conocido –junto a distintas formas farmacéuticas como amoxicilina, cefalexina, claritromicina, entre otras-.

Estos medicamentos que destruyen bacterias han sido la piedra angular de la medicina moderna. La función es inhibir el crecimiento de estos microorganismos, o matarlos. De hecho, el origen griego de la palabra así lo indica: ´anti´ significa ´contra´, y ´bios´ quiere decir ´vida´, por lo que sugiere literalmente ´contra la vida´.

Sin embargo, el uso excesivo o indebido ha fomentado la aparición y propagación de la resistencia antimicrobiana, que se produce cuando las bacterias, virus, hongos o parásitos, se vuelven resistentes a los compuestos utilizados para luchar contra ellos.

La resistencia a los antibióticos hace que se incrementen los costos médicos, que se prolonguen las internaciones hospitalarias y que aumente la mortalidad. Cuando ya no se pueden tratar las infecciones con los antibióticos de primera línea es necesario emplear fármacos más caros, tratamientos más largos y con más efectos adversos, ya que estas bacterias resistentes causan pulmonías, infecciones de las vías urinarias o de la piel, entre otras afecciones.

Incluso, la Organización Mundial de la Salud –OMS-, advirtió en un estudio que para el 2050 habrá más muertes relacionadas a ´súperbacterias´ que a casos de cáncer, es decir, se prevé que la resistencia a los antibióticos será la principal causa de muerte en el planeta.

Frente a este contexto, la OMS plantea una serie de acciones en la Semana Mundial de Concientización sobre el Uso de los Antibióticos, que este año se conmemora del 18 al 24 de noviembre. El objetivo primordial es aumentar los conocimientos acerca de la temática y fomentar mejores prácticas entre los pacientes, los trabajadores de la salud y los encargados de formular políticas públicas.

Resistencia antimicrobiana y automedicación

La resistencia es un proceso natural, ya que los medicamentos van perdiendo con el tiempo su capacidad para exterminar agentes patógenos. Pero, en los últimos años, el uso inapropiado ha acelerado exponencialmente este proceso, que se relaciona con diversas causas: utilización de los antibióticos en infecciones que no lo requieren; uso excesivo; automedicación; incumplimiento de la posología; e inadecuada administración.

En ocasiones, los pacientes usan antibióticos que sobraron de una anterior afección; toman de forma insuficiente para el cuadro clínico que presentan; o también no cumplen con los horarios y cantidad de días indicados por los profesionales de la salud. Es en estas acciones donde se colabora a crear resistencia porque el medicamento no alcanzó su efecto terapéutico. Al contrario del propósito benéfico, es contraproducente.

Según los especialistas, nunca hay que dejar de tomar los antibióticos a pesar de que el paciente ya se sienta mejor. El tiempo de tratamiento indicado es importante para que el medicamento mate la bacteria que produjo la enfermedad. En el caso contrario, el microorganismo vuelve con más fuerza.

A su vez, no es necesario medicar con este tipo de fármacos para afecciones como gripe, resfríos comunes, diarrea, vómitos o dolor abdominal. De esta manera, puede producir daños en el organismo y se contribuye a la resistencia de las bacterias generando complicaciones en los tratamientos posteriores.

Asimismo, es vital cumplir con los horarios en la toma de antibióticos, debido a que si pasa mucho tiempo entre una ingesta y otra, baja la concentración del mismo en la sangre y no es efectivo.

Prescripción de antibióticos en centros de salud

En la provincia de Entre Ríos, el Programa de Medicamentos Esenciales (ExRemediar), distribuye fármacos en 375 efectores del primer nivel de atención, tanto provinciales como municipales. En cuanto a los antibióticos, son 16 los tipos disponibles en los botiquines (aciclovir, amoxicilina, azitromicina, fluconazol, norfloxacina, penicilina, entre otros).

En un muestreo de 37 centros de salud que poseen recetas generalizadas, en el período 2016-2017, los diagnósticos más frecuentes asociados a la indicación de antimicrobianos fueron: enfermedades de los dientes y estructuras; faringitis aguda; infecciones de la piel y del tejido subcutáneo; enfermedades del riñón, uréter, vejiga y uretra; otitis media; etc.

En tanto, en 2018, el antibiótico más recetado en los establecimientos del primer nivel de la provincia, fue Amoxicilina 500 mg. sumando casi 60 mil recetas.

Con respecto a la inversión que realiza Salud Pública Provincial para la compra de medicamentos, y para sustentar los tratamientos ante la falta de provisión desde Nación, desde el Ministerio de Salud se debieron instrumentar compras centrales y readecuar partidas presupuestarias para abastecer a los establecimientos de la red pública.

Para los 210 centros de salud, el total bimestral de las partidas es de unos 14 millones y medio de pesos. De este monto, se destina aproximadamente un 50 por ciento para la adquisición de fármacos. En hospitales, la partida mensual es de 125 millones de pesos en promedio, ocupando alrededor de un 70 por ciento para la compra de medicamentos.

Control de la comercialización

Desde el Ministerio de Salud de Entre Ríos, a través del Departamento Integral del Medicamento, se impulsan estrategias bajo normativas nacionales para la comercialización de fármacos. Luego de la reunión federal que se realizó en los últimos meses, convocada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) y la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) se decidió que cada Región debe plantear sus propios planes para reducir la resistencia antimicrobiana.

Mayor control en farmacias y seguimiento mediante registros son los ejes más importantes de las propuestas. Si bien, las normativas están vigentes hace años, se suman una serie de puntos a los que adhiere la provincia.

La Ley de Medicamentos N° 16463/64, detalla en su artículo 5° que los medicamentos que se expendan al público en su envase original, deberán reunir las condiciones técnicas de identificación u otras que establezca la reglamentación. Esta determinará, así mismo, teniendo en cuenta la naturaleza o peligrosidad del uso indebido de los medicamentos, la condición de su expendio, que podrá ser: libre, bajo receta, bajo receta archivada y bajo receta y decreto.

Según lo que fija en su artículo 71 la Ley Provincial N° 9817 de disposiciones para farmacéuticos, los antibióticos sólo se pueden vender con receta archivada, es decir, con la doble prescripción por parte del médico, para que una de ellas sea conservada por la farmacia. La copia debe contener datos identificatorios del paciente (nombre, apellido, documento) y toda la información que conste en la receta original. Desde Salud pública apuntan a mejorar y agilizar los procesos de fiscalización del registro de las recetas, controlando stock y compras.

Cabe citar que en Entre Ríos funcionan aproximadamente 485 farmacias privadas habilitadas para la comercialización minorista de medicamentos y productos médicos, siendo 423 privadas, 22 internas de clínicas y sanatorios, y 40 sociales (de mutuales, sindicatos y asociaciones). Además, en hospitales hay 41 servicios de farmacia. En el territorio provincial, para la comercialización y/o distribución mayorista, existen 45 droguerías, y son ocho los laboratorios habilitados.